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I. NIDO

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Memorias de la Viajera NIDO Hay algo en la desolación de un planeta en ruinas que me infla de bella melancolía. Cualquiera diría que me encuentro enferma de dolor y que estoy enajenada a él, pero yo sé bien que mi corazón es pleno cuando contemplo las pobres reliquias de la destrucción. Existen fantasmas en los astros implosionados, me gusta imaginar que escucho los hilos que los penden como si su canto solo hablara para mí. Quiero contar cómo descubrí Nido, cómo fue que lo escuché y lo que fue de mí desde entonces. Había viajado en estado de hibernación durante mucho tiempo entregándome a mis adentros, a mis viajes interiores. Conecté mi cuerpo sedado a Griss, lo dejé flotando en gravedad cero, es posible que los ojos parpadeen o se queden abiertos, que los nervios se contraigan y un listón de voz se escuche, pero, en términos biológicos, es permanecer suspendida al borde de la muerte; por el contrario, la mente se encuentra más lúcida que nunca. La nave viaja tan rápido que da la sen

I. Palacio Blanco

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PALACIO BLANCO  Por: Observante  I  Cruzamos las montañas azules, sobrevolándolas, para llegar a un gran valle que conduce a los acantilados, nuestro objetivo. Ha sido un trayecto largo y agobiante para el pasajero. Venir a estos inimitables territorios tan lejanos y vacíos le ha costado un alto grado de estrés y sentimientos de abandono. Es normal sentir la soledad de forma hiriente aquí. No hay árboles, ni pueblos, ni animales, sólo aridez fría. Somos pocas las que habitamos estos lares sin sol, tan pocas que rara vez nos encontramos unas a las otras, pero sabemos que los mismos vientos nos acarician. Es posible toparse de vez en cuando con extranjeros que, perdidos, se convirtieron en vagabundos trastocados por la locura y el mal de la tristeza, así como mi pasajero. Estas tierras les provocan daños irreversibles a su mente y materia, no obstante, llegan a este mundo con falsas esperanzas de hazaña y riqueza. Sobreviven gracias a los gases que esta tierra deja salir por volcanes del

Túneles-pistas, 29

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  Las corrientes de agua son la única forma de trasladarte. Fuera de ellas sientes el peso del mar sobre tus hombros y el abismo en tus pies. La oscuridad y el silencio absolutos son enloquecedores. Si no hubiera sido por la compañía de L. L. tengo por seguro que no hubiera dejado la protección de Griss. Hay miedos que van más allá del entendimiento. Hay miedos que dan picotazos y doblegan. Cuando salimos de la nave avanzamos increíblemente despacio y en dirección recta, además de que la densidad del agua es alta y es imposible acelerar en una nave tan pequeña como la de L. L., no queríamos perdernos, hacerlo significaba no lograr regresar. Debo recordar que aquí, en el Cielo de Mar de Noche, no funcionan los radares. Otra razón de nuestro paso sigiloso es incrementar nuestras estrategias de ocultamiento para que las posibles bestias peligrosas no nos tomen infraganti. Actuar como fantasma tímida es nuestra estrategia de sobrevivencia. Hemos aprendido que una sacudida inesperada te

Refugio-jardín, 28

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  Encontrarse en un refugio fue un alivio. El agua de El Cielo de Mar de Noche quema la piel y los ojos, aunque no te toque. Su radiación atraviesa al instante las protecciones para el ambiente que mi traje y la pequeña nave de L. L. tienen. El ardor en los párpados a veces provoca que la visión sea un rayo incandescente y no sea posible ver con claridad. De inmediato, sentí la piel arder y la epidermis de algunas zonas de mi cuerpo se tostaron. En cambio, los refugio-jardín que hemos descubierto son burbujas de agua tibia del tamaño de una nave, su nivel de radiación ronda los números amarillos, lo que los hace casi amables, además, esferas de luz blanca hacen posible la vista sin necesidad de usar linternas; por otro lado, es posible quitarse el traje y nadar con menos peligros, por supuesto, eso no significa que sea posible bajar la guardia. La razón de que las temperaturas sean más llevaderas son las algas danzantes. Flotas cómodamente y ves cómo se enroscan en tus tobillos.

Salir, 27

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Decidí salir de Griss y explorar el Cielo de Mar de Noche. Me puse mi traje de buza y me arriesgué al ambiente inhóspito que caracteriza al universo. L. L. me ha acompañado y el recorrido en su pequeña nave hizo más ágil la travesía; ahora escribo desde un refugio; ella y yo, descansamos.  Debo decir que Salir es un procedimiento estresante. Dentro de Griss tengo cierto alivio por su capacidad de protección, pero afuera las inclemencias son frecuentes y cada ser, cosa o fenómeno es un constante peligro; por eso mismo, tengo estrategias que, según yo, ayudan a mantenerme a salvo, y digo “según yo" porque, finalmente, estoy expuesta a lo peor. A lo largo de mi vida he sufrido serias experiencias que han menguado mi facultad de adaptación a la atmósfera del espacio y sus intrínsecos terrores, además, el miedo es un monstruo que me habita y carcome.

Cielo-techo, 26

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En un punto del recorrido todo despareció; también el piso, el tercer ojo, el hilo-melodía. Todo. Me quedé recostada porque levantarme insinuaba vértigo. Y, como en un espejo, el techo que era cielo al mismo tiempo, el rostro, igualmente oscuro de la Sonámbula, emergió de mi propio rostro perdido. Vi sus ojos que son dos remolinos que succionan y vi lo que ella veía. Desperté sobre la alfombra del espacio sideral que habita en el estómago de Griss como quien despierta de una pesadilla y vi el techo siendo solo un techo y no un cielo infinito.  Luego me levanté y me fui a dormir del cansancio. 

Hilo-melodía, 25

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Dentro del conticinio y la negrura absoluta de un ciego, un hilo sonoro inició su recorrido. La nota emprendió, suave y precisa, como una piedra que es lanzada al agua. Cuando terminó de desenredarse, había formado una melodía sin principio ni fin.  Voltee la vista al suelo y, al mismo tiempo, una luz ligera prendió de mi frente. Era tener un casco minero con lámpara, así que pude ver el hilo sonoro como si fuera la materialización de un fantasma. Lo vi envolviendo mi cuerpo de pies a cabeza. Sentí su caricia y mi centro se encendió, entonces, florecí junto con ella. Después volvió el silencio. El hilo-melodía me desató con su suavidad y precisión, y quise ver de dónde venía. Voltee: un túnel se había abierto en una de las paredes, que ahora se multiplicaban, del interior de Griss. Me agaché y anudé el hilo en mi tobillo antes de entrar. El pasadizo es idéntico a las cuevas de la Isla de la Sonámbula. Entré, con el propósito de encontrar el ovillo completo.